Kukulcán, la serpiente emplumada que dotó de sabiduría al mundo
Kukulcán dios maya

Según la mitología maya, uno de los principales dioses es Kukulcán, según se recoge en el Popol Vuh, uno de los dioses creadores del mundo. Probablemente uno de los más venerados en todo el contexto maya por ser quien aportó la sabiduría a la humanidad. La serpiente emplumada simboliza la vida, la luz, la sabiduría, la fertilidad y el conocimiento. Es el patrón de los vientos, del agua y del día. Se dice que apareció por el oeste y que siempre está transitando, como el día.

Y es que este dios tiene la forma perfecta, a la vez que es en sí mismo una dualidad. Por un lado, es una serpiente, animal con cuerpo físico que se puede deslizar sigilosamente y no hay terreno que se le resista, por tierra o por agua. Pero por otro lado sus escamas son plumas, para poder deslizarse también por los cielos como un dios. En las representaciones que se han encontrado tiene una nariz larga y truncada, como la de un tapir, y en ella se encuentran todos los símbolos de un dios de los elementos.

Kukulcán es como se le conoce en el mundo maya, pero ha tenido diferentes nombres según la época y los pueblos que lo han venerado. Todo empezó en el mundo Olmeca, bajo el nombre Quetzalcóatl, aunque fue saltando hasta los Toltecas, Mixtecas e incluso posteriormente llegó a los Aztecas. En todo caso, podemos concluir que la serpiente emplumada es un símbolo omnipresente en todas las culturas de Mesoamérica.

En Yucatán existen varias ciudades con templos dedicados a la adoración de Kukulcán. Sin duda, el más conocido de ellos es el de Chichén Itzá, considerado una de las siete maravillas del mundo moderno. Destaca por ser una culminación de los conocimientos astronómicos, matemáticos, geométricos y acústicos de la época.

No debemos olvidar que los mayas eran una sociedad principalmente agrícola, con lo que el tiempo y las estaciones era realmente fundamentales para su supervivencia. Así mismo consiguieron registrar en una sola estructura las variaciones de las trayectorias del sol y las estrellas. Por ello, cada equinoccio de primavera y otoño, cuando llega el atardecer se observa en una de las escalinatas de la pirámide de Kukulcán una sobra de siete triángulos que conforman el cuerpo de una serpiente. A medida que avanza el tiempo, se intuye como la serpiente va descendiendo desde lo alto de la pirámide, siendo el último suspiro de luz en la cabeza del animal, justo en la base del templo.

Este descenso de la serpiente se vislumbra anualmente en marzo y en septiembre, durante un período de cinco días aproximadamente en las fechas que rodean los equinoccios. Es un espectáculo que reúne una gran expectación, incluso miles de personas, que se sientan en la esplanada alrededor del templo para ver la luz ondulada que muestra como el cuerpo de una serpiente sinuosa desciende reptando de los cielos hasta la tierra.

También la ciudad de Mayapán tiene un templo dedicado a la serpiente emplumada donde presenciar este mismo fenómeno, pero no tan espectacular, ya que el templo es de dimensiones más reducidas y se encuentra más deteriorado pero tiene el aliciente de que no esta tan concurrido. También Maní tuvo su festividad relacionada con el dios Kukulcán, aunque el paso de los españoles acabó convirtiendo la ciudad al catolicismo transformando sus construcciones mayas en iglesias cristianas.

 

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