Tierras Mayas

breve historia de los mayas

Los viajes a México tambien son  adentrarte en un universo de historias del mundo de ayer.

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Los mayas: una gran civilización… a la que le quemaron la biblioteca

Gran parte del misterio que rodea a la civilización maya no se debe a que fueran especialmente secretos, sino a que alguien decidió hacer una limpieza cultural con fuego incluido.
Cuando llegaron los españoles, encontraron códices llenos de siglos de conocimiento y pensaron: “Interesante… mejor lo quemamos”. Y así, entre hogueras y evangelización exprés, se perdió buena parte del saber de una de las culturas más avanzadas de la América antigua.

Porque los mayas no eran improvisados. Todo lo contrario. Durante siglos construyeron una civilización refinada, compleja y sorprendentemente moderna, heredera directa de la cultura olmeca, esa gran madre cultural que sembró el sur de México durante el primer milenio antes de Cristo.

Un imperio sin emperador (y con demasiados vecinos)

En su época clásica, entre el 250 y el 950 d.C., los mayas fueron contemporáneos de culturas como Teotihuacán.
Pero, a diferencia de otros imperios, nunca se pusieron de acuerdo para tener un solo jefe. Preferían las ciudades-estado: cada una con su gobernante hereditario, sus dioses, sus ambiciones… y sus guerras con el vecino.

Controlaron un territorio enorme que hoy abarca Guatemala, Belice, parte de Honduras y El Salvador, además de los actuales estados mexicanos de Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán. Nada mal para una civilización sin caballos, sin hierro y sin rueda.

Agricultura, comercio y una sociedad muy ordenada (demasiado)

La economía maya se apoyaba en una agricultura intensiva y un comercio dinámico de productos tan valiosos como jade, cacao, obsidiana, plumas, algodón y frijol.
Las ciudades estaban conectadas por los sacbés, caminos blancos tan eficientes que uno casi espera encontrar señales de tráfico.

La sociedad, eso sí, no era precisamente igualitaria:

  • Sacerdotes y nobles en la cima

  • Guerreros y comerciantes en el medio

  • Artesanos y agricultores sosteniendo todo

  • Y al final, los esclavos, que no tuvieron la suerte de nacer en la familia correcta

En la cúspide gobernaba el soberano, responsable no solo de la política y la guerra, sino también del bienestar espiritual del pueblo. Gobernar y salvar almas, todo en uno.

Cuando los dioses opinaban de política

Para los mayas, la religión no era un asunto de domingos. Los dioses estaban presentes en la política, la guerra, la agricultura y hasta en el clima.
El gobernante no solo mandaba: intermediaba con el cosmos. Si llovía poco, era culpa suya. Si había eclipses, también. Si todo iba bien… casualidad divina.

El calendario ritual, el Tzolk’in, marcaba los días propicios para sembrar, guerrear, casarse o sacrificar a alguien (según el caso). Nada quedaba al azar, aunque desde fuera parezca que vivían con una agenda bastante apretada.

Ciudades monumentales sin arco… ni rueda

Los mayas levantaron ciudades impresionantes como Tikal, Copán, Edzna, Uxmal, Calakmul o Chichén Itzá, algunas con decenas de miles de habitantes.
Sus templos y palacios, construidos en piedra, se cubrían de estuco y se pintaban de rojo, blanco y azul, colores que aún hoy sorprenden bajo la selva.

Nunca inventaron el arco verdadero, así que utilizaban la bóveda falsa, superponiendo piedras hasta que la gravedad decidiera colaborar.
Tampoco usaron la rueda: no porque no la conocieran, sino porque sin bueyes ni caballos, el invento perdía bastante encanto.

Matemáticas, astronomía y el cero (antes que muchos)

Donde sí fueron imbatibles fue en el conocimiento.
Desarrollaron el sistema de escritura más complejo de América precolombina, dominaron las matemáticas y descubrieron el número cero cuando en Europa todavía se debatía si la Tierra tenía bordes.

Sus conocimientos astronómicos y calendáricos siguen desconcertando a los científicos modernos. No anunciaban el fin del mundo, como se dijo por ahí, pero sí sabían exactamente cuándo Venus debía aparecer en el cielo.

Astrónomos sin telescopio (y sin margen de error)

Registraron eclipses, ciclos planetarios y movimientos de Venus con una precisión que apenas difiere de los cálculos actuales.
Todo ello sin telescopios, sin computadoras y sin aplicaciones móviles. Solo observación, paciencia y siglos de conocimiento acumulado.
Una prueba más de que la tecnología no siempre necesita enchufe.

El colapso: cuando la selva recupera lo suyo

Hacia el año 900 d.C., las grandes ciudades del sur comenzaron a vaciarse. En apenas un siglo quedaron abandonadas.
Las teorías hablan de epidemias, hambrunas, sobreexplotación agrícola y cambios climáticos provocados por la deforestación.
La selva, paciente, volvió a reclamar lo que era suyo.

El segundo esplendor y la llegada de Kukulkán

Mientras el sur caía, el norte del Yucatán vivió una segunda edad dorada. Ciudades como Uxmal, Sayil y Edzná alcanzaron un refinamiento extraordinario, el famoso estilo Puuc.

Pero la calma duró poco. Llegaron migrantes de origen tolteca, más militarizados y devotos de la serpiente emplumada, Kukulkán. Con ellos llegaron nuevos estilos artísticos, sacrificios humanos y una estética claramente visible en Chichén Itzá.

La conquista y una resistencia silenciosa

Los españoles llegaron en 1526 y encontraron un mundo maya lejos de su esplendor clásico. Aun así, la resistencia continuó.
Los mayas que huyeron se internaron en el Petén guatemalteco y resistieron hasta 1697, mucho más de lo que suele contarse.

Un libro que aún no termina

La historia maya sigue escribiéndose. Cada hallazgo arqueológico añade nuevos capítulos a un libro inacabado.
Hoy sobreviven unos 16 millones de mayas, organizados en 28 grupos lingüísticos, repartidos entre México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.

No son ruinas. Son pueblos vivos.

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En los viajes a México, adentrarse en el mundo maya es recorrer una tierra de historias, mitos y civilizaciones brillantes.
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Leer un poco de historia transforma el viaje: ya no solo visitas lugares, los comprendes.

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