Bacalar son cuarenta y dos kilómetros de laguna en el sur de Quintana Roo, a un paso de Belice, con el agua ordenada en franjas que van del turquesa al índigo. Dentro hay tres cenotes. Y en el fondo, colonias vivas de estromatolitos: descendientes de los primeros organismos que fabricaron oxígeno en la Tierra.

La llaman «Laguna de los Siete Colores» y es de las lagunas interiores más largas de México. Lo de los siete es licencia poética; lo del degradado, no.
Por qué el agua tiene esos colores
El truco está en el fondo. La arena es blanca y la profundidad cambia a tramos, así que la luz rebota de forma distinta según dónde caiga: donde hay poco calado sale el turquesa y donde el fondo se hunde aparecen el azul y el índigo. Con el sol alto se ven las franjas de una en una; con el cielo cubierto, la laguna se apaga y parece otra.
Dentro de la laguna hay tres cenotes cuyas aguas desbordan y alimentan el conjunto. Dos paradas se repiten en todos los recorridos: el Cenote Azul, de casi doscientos metros de diámetro y noventa de profundidad, y Los Rápidos, un canal de corriente suave por el que uno se deja llevar flotando entre la selva.
Los estromatolitos, que casi nadie mira
Bacalar alberga el arrecife de microbialitos de agua dulce más grande del mundo. Dicho así no impresiona a nadie; dicho de otra manera, sí: esas costras grises que hay en la orilla y en el fondo son colonias de microorganismos con más de nueve mil años, descendientes directas de las primeras formas de vida que, hace más de tres mil quinientos millones de años, generaron el oxígeno que hizo posible todo lo demás.
Son también lo más frágil de la laguna: crecen milímetros por año y se rompen con solo pisarlas. Por eso en las zonas donde están no se camina por el fondo ni se echa el ancla. La laguna cuenta hoy con 52.000 hectáreas protegidas que incluyen cenotes y manglares, refugio de aves, peces y buena parte de la biodiversidad de la región.
El fuerte, los piratas y el palo de tinte
La belleza le costó cara. Bacalar está pegada al Caribe pero resguardada de las tormentas, y esa posición la convirtió durante siglos en una plaza deseada.
Sus orígenes son precolombinos: entre los años 415 y 435, unos itzáes llegados del sur fundaron Sian Ka’an Bakhalal, la Bacalar de hoy. Se quedaron unos sesenta años y en el 495 abandonaron la laguna, que siguió siendo un sitio comercial de primer orden para las mercancías que llegaban de Centroamérica, sobre todo de la región de Ulúa, en Honduras.
En 1640 el pirata escocés Peter Wallace se asentó aquí para explotar el palo de tinte, y de ese asentamiento al sur del Río Hondo salió lo que hoy es Belice. Doce años después, Diego el Mulato arrasó Bacalar y provocó el abandono de casi toda la costa oriental. Los ataques de piratas franceses, ingleses y holandeses continuaron buena parte del siglo XVIII, hasta que se decidió fortificar el pueblo: así nació, a orillas del agua, el fuerte de San Felipe, que sigue en pie.
Qué más hay alrededor
Bacalar es hoy Pueblo Mágico y funciona bien como base para una parte de Yucatán que no aparece en los folletos. A tiro de coche están las ruinas de Calakmul, dentro de una reserva de la biosfera declarada Patrimonio de la Humanidad, y las mucho más discretas de Balamkú, Chacchobén e Ichkabal.
Hacia el mar quedan Sian Ka’an, Punta Herrero y la Costa Maya, y el Banco de Chinchorro, el mayor arrecife de coral del Caribe mexicano.
Cómo se visita en un viaje
Bacalar admite dos formas de visita, y no dan el mismo viaje.
Si la laguna es el motivo, hay un programa dedicado a Laguna Bacalar y la Costa Maya, con base en el pueblo y tiempo para el sur de Quintana Roo: la costa, Chinchorro y las ruinas de los alrededores.
Si es una parada dentro de un recorrido mayor, la Expedición Yucatán hace alto aquí y entra en la laguna en lancha, y el Fly & Drive permite llegar por libre y quedarse las noches que uno quiera.
En cualquiera de los casos merece la pena alargar la parada: la laguna cambia de color a lo largo del día, y verla solo a mediodía es quedarse con uno de los siete.
¿Qué es la Laguna de los Siete Colores?
Es la laguna de Bacalar, en el sur de Quintana Roo: cuarenta y dos kilómetros de agua dulce cuyo fondo de arena blanca y profundidad variable produce un degradado que va del turquesa al azul índigo.
¿Qué son los estromatolitos de Bacalar?
Colonias vivas de microorganismos con más de nueve mil años, descendientes de las primeras formas de vida que produjeron oxígeno en la Tierra. Bacalar tiene el arrecife de microbialitos de agua dulce más grande del mundo, y son muy frágiles: no se pisan ni se ancla sobre ellos.
¿Qué se puede hacer en Bacalar?
Recorrer la laguna en lancha, bañarse en el Cenote Azul —casi doscientos metros de diámetro y noventa de profundidad—, dejarse llevar por la corriente de Los Rápidos y visitar el fuerte de San Felipe, levantado en el siglo XVIII contra los piratas.
¿Qué viaje incluye la Laguna de Bacalar?
Hay un programa dedicado a Laguna Bacalar y la Costa Maya, con base en el propio pueblo. Además, la Expedición Yucatán hace parada en la laguna y la recorre en lancha, y el Fly & Drive por México permite llegar por libre y alargar la estancia.
Lo esencial
📍 Dónde está
Costa Maya, sur de Quintana Roo, cerca de la frontera con Belice. El pueblo de Bacalar es Pueblo Mágico.
🏛️ Qué la hace única
Cuarenta y dos kilómetros de laguna con un degradado de azules —la «Laguna de los Siete Colores»—, tres cenotes dentro y 52.000 hectáreas protegidas.
⭐ Dato clave
Alberga el arrecife de microbialitos de agua dulce más grande del mundo: estromatolitos vivos de más de nueve mil años, descendientes de los primeros organismos que produjeron oxígeno en el planeta.
🌎 Por qué importa
Es uno de los pocos lugares del mundo donde esos arrecifes primitivos siguen creciendo, y se pueden ver desde una barca.
En pocas palabras
Bacalar sorprende dos veces: por el color del agua, que se ve desde el primer minuto, y por lo que crece debajo, que lleva ahí desde antes que casi todo lo demás.
Ven a vivirlo en México
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