Tierras Mayas

ciervo azul tierras mayas

Leyenda del peyote según los Wixaritari (adivinos huicholes)

la leyenda del peyote según los wixaritari

En el estado de Nayarit, en la roca que hay frente al muelle de San Blas para los huicholes es el origen de toda la vida, pues al mar se le considera “nuestra madre” y fue el lugar de donde salieron los dioses hombres para emprender el camino sagrado a Wirikuta, en el desierto de San Luis Potosí descubrieron el peyote y con él, sus leyendas y viajes oníricos.

La zona costera de San Blas es el limite poniente del Medio Mundo, el espacio sagrado wixarika donde habitan los hombres de esta etnia y es conocida como Tukamerisshe (la línea de la sombra).

La leyenda del Peyote

Se cuenta que hace mucho tiempo, en la Sierra Huichol los abuelos se reunieron para discutir sobre su situación, la gente se encontraba enferma, no había ni agua ni comida, no llovía y la tierra estaba seca. Ellos decidieron enviar a cuatro jóvenes de cacería, con la tarea de encontrar alimentos y llevarlos a la comunidad para compartirlos. Cada uno de los jóvenes representaría un elemento: fuego, agua, aire y tierra.

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Los jóvenes comenzaron la jornada, cada uno cargando su arco y flechas. Caminaron durante días hasta que, una tarde, saltó detrás de unos arbustos, un venado grande y gordo. Los jóvenes se encontraban exhaustos y hambrientos pero, cuando vieron al venado, se olvidaron de todo y comenzaron a correr tras de él, sin perderlo de vista. El venado miró a los jóvenes y sintió compasión por ellos. Los dejó descansar una noche y al siguiente día los incitó para que continuaran la persecución.

Pasaron muchas semanas antes de llegar a Wirikuta (en el desierto de San Luís, camino sagrado de los Huicholes). Cuando los jóvenes se encontraban en el camino de la colina, cerca del cerro de las Narices, vieron al venado saltar en dirección al lugar donde habita el espíritu de la tierra. Juraban que habían visto al venado correr en esa dirección, y trataron de encontrarlo sin éxito. De repente uno de los jóvenes disparó una flecha que cayó dentro de la figura de un venado, formada por las plantas de peyote que había en la tierra que, con el sol, brillaban como lo hacen las esmeraldas, mirando hacia una sola dirección.

Los jóvenes se encontraban confundidos por lo que había pasado, pero decidieron cortar las plantas formado la figura del Marratutuyari (venado) para llevarlas al pueblo. Después de caminar durante varios días, llegaron a la montaña Huichola donde todos les estaban esperando. Dirigiéndose inmediatamente a los ancianos, les contaron su experiencia. Los ancianos comenzaron a repartir el peyote entre la población y, después de un tiempo no sintieron más hambre o sed.

Desde entonces, los huicholes adoran al peyote que, al mismo tiempo es venado y maíz, su espíritu guía. Así que cada año desde entonces, continúan peregrinando, manteniendo la ruta viva desde la sierra Huichola hasta Wirikuta, para pedirle a los dioses, comida y salud para su gente.

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