La guacamaya roja, encarnación del sol
Guacamaya Roja

En la milenaria cultura maya, la guacamaya roja fue considerada una encarnación del fuego del sol. El rojo de su plumaje representaba los rayos solares, el amarillo el sol y el azul era el cielo.

Para las culturas prehispánicas del sureste mexicano, las guacamayas rojas eran consideradas guardianas de los árboles y sus menciones en ritos y leyendas resultaban frecuentes, así como sus representaciones en pinturas, esculturas y estelas.

Cada dios del panteón maya tenía su contra parte femenina. Los mayas creian que cuando el dios sol descendía a la tierra en forma de guacamaya, la diosa de la luna tomaba la forma femenina de la guacamaya para acompañarlo. De acuerdo a la mitología maya, el viejo dios del sol y la vieja diosa de la luna decidieron que podrían tener forma humana como una de sus encarnaciones en la tierra y para ello, crearon a un joven y una doncella.

Hoy esta hermosa especie está en peligro de extinción. ¿Las has visto alguna vez en libertad? Se reúnen grupos de parejas en algún gran árbol de la selva, convirtiéndolo en una fiesta de colores.

En la Expedición Yucatán y en las Rutas Fly & Drive nos adentraremos en las selvas del sureste de México donde están protegiendo a la guacamaya roja. Con suerte, la podremos llegar a ver.

La guacamaya roja es una de las joyas de la fauna silvestre americana. Su plumaje es de color rojo, amarillo y azul. Mide unos 90 centímetros de largo y alcanza 1 kg de peso. Vive desde el Sureste de México hasta Bolivia. Está en serio peligro de extinción por la descomposición de su hábitat y la caza furtiva para convertirla en una prisionera como animal vivo decorativo.

Las guacamayas son aves de vuelo alto, que recorren grandes distancias para alimentarse. Para obtener frutos de amate, palmas, Chicozapote (árbol del chicle), ramón, vainas y flores, brotes tiernos y algunos insectos, los cuales constituyen sus alimentos favoritos.

Su hábitat son las selvas altas, siempre verdes, junto a grandes ríos tropicales, como el Usumacinta, donde han sobrevivido y tolerado las perturbaciones causadas a estos ecosistemas. También está asociada a selvas medianas, en zonas montañosas poco elevadas. No obstante, según los biólogos, la guacamaya roja requiere de grandes superficies selváticas bien conservadas para alimentarse, reproducirse y sobrevivir, como las grandes selvas de la Biosfera de Calakmul. Después de la Amazonia, la Selva Maya es el segundo bosque tropical más grande del mundo que queda en América.

Sus extensas junglas y selvas, incluyendo los bosques tropicales secos, brindan refugio a incontables especies raras y en peligro de extinción como el pecarí de hocico blanco, el tapir, la guacamaya, la águila harpía y el mono aullador.

Es uno de los pocos lugares de la Tierra donde viven cinco especies de felinos grandes: el jaguar, el puma, el ocelote, el jaguarundí y el tigrillo.

Cerca de la mitad de las especies de guacamayas ya se extinguieron. El género ara, al que pertenecen las guacamayas, tiene reconocidas trece especies. ¡Seis de estas trece especies están extintas! Los especialistas concuerdan que si se mantiene el ritmo de destrucción de sus hábitats y su tráfico ilegal como mascotas, todo el género habrá desaparecido del medio natural en los próximos diez años.

Se estima que las guacamayas rojas pueden vivir más de 70 años. En cautiverio alcanzan perfectamente los 75 años. En el medio silvestre, el promedio de vida está entre 40 y 50 años. Esta asombrosa longevidad también ha contribuido a su popularidad como mascota y a que aumente, por tanto, su tráfico ilegal y consigo el riesgo de extinción.

Tienen familias duraderas. Entre las aves, las guacamayas son las que tienen uno de los períodos más largos de permanencia con los padres. Por lo general, las crías dejan su hogar alrededor de los cuatro años, cuando han alcanzado la madurez sexual. Durante este tiempo, sus padres no pondrán más huevos.

Este patrón de comportamiento muestra la gran dependencia de las crías hacia sus progenitores. Las guacamayas jóvenes tienen que aprender todo de sus mayores, de allí que la extracción de un individuo afecte a los otros miembros de la familia. Son aves gregarias y suelen estar en grupos de 40/50 ejemplares.

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