La Realidad Detrás de la Virgen de Guadalupe
Virgen de Guadalupe

La Virgen de Guadalupe ha sido representada por la iglesia católica como el milagro máximo de México, desde sus incipientes orígenes adoptó su imagen para unificar al pueblo mexicano. Hasta la fecha sigue siendo un elemento de identidad entre los mexicanos, que creyentes o no, reconocen su importancia cultural. Sin embargo, detrás de su culto existe otro más antiguo.

Icono de la cultura popular mexicana, se puede encontrar en sinnúmero de lugares y objetos como reflejo de la adoración que México tiene por ella, en la actualidad existen creyentes que aseguran que han visto la imagen en piedras, pan y hasta las tortillas.

Su imagen ha sido utilizada para anuncios comerciales, programas de televisión, postales, bolsas de mandado, camisetas y demás artículos que reflejan la devoción que México tiene por ella. Esta devoción popular tiene una dimensión más allá de lo religioso, es antropológica cultural social, es un punto de unión de los mexicanos.

Miguel Hidalgo, el padre de la independencia de México, llevaba en su estandarte la imagen de la Virgen, con el cual proclamó la independencia en 1810, al llevarlo tuvo gran poder de convocatoria entre todas las clases sociales, lo que incentivó la participación en la lucha.

 

Los milagros de la Virgen de Guadalupe

Existen algunos milagros que se le atribuyen a la Virgen de Guadalupe. Por nombrar solo algunos, están los del año 1554 cuando una epidemia mató a más de 1.000 personas por lo cual hicieron una procesión en su nombre, hubo muchas súplicas y al día siguiente la epidemia comenzó a cesar.

En una procesión que se hacía en su honor, un hombre tiró una flecha al aire como signo de celebración, la flecha le cayó en la garganta de un hombre, lo llevaron frente a la Virgen a sacarle la flecha y resultó ileso.

Otro milagro donde se ve involucrado un cuadro de la Virgen. Por el año 1921 estalló una bomba y muchos elementos, hasta viviendas, sufrieron daños; menos la imagen de la Virgen que quedó intacta, con su marco y su vidrio ilesos.

 

El mayor milagro de la Virgen

Pero el milagro que ha prevalecido por casi 500 años y que ha sido aceptado por el cuerpo de documentos históricos de la iglesia católica es el llamado «Milagro guadalupano» que ocurrió de la siguiente manera:

Cuauhtlatoatzin «águila que habla» era un indígena chichimeca. Atraído por la doctrina de los padres franciscanos ―llegados a México en 1524―, habría recibido el bautismo y el nombre hispano de Juan Diego. Fue testigo de cuatro apariciones de la Virgen de Guadalupe.

Un día 9 de diciembre de 1531 Juan Diego se dirigía a Tlatelolco (a las afueras de la actual Ciudad de México), concrectamente a Tepeyac donde se le apareció la Virgen. Ella se presentó como la madre del Dios verdadero y le encargó que le pidiera al franciscano Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en lo alto del cerro donde se encontraban. El obispo no le creyó así que la Virgen se volvió a aparecer ese mismo día a Juan Diego.

Al día siguiente, Juan Diego volvió a ver al obispo y éste le pidió pruebas para poder confirmar el prodigio. Ese mismo día se le apareció por tercera vez la Virgen de Guadalupe y le dijo que se verian al día siguiente, 11 de diciembre, y le daría la señal requerida. 

El día 11 Juan Diego no pudo llegar al Tepeyac. Su tío, con el último aliento de vida, pidió ver a un confesor como última voluntad y Juan Diego no pudo abandonar tales circumstancias. El chico no se dirigió al encuentro de la virgen como habían acordado, pero de todas maneras, Guadalupe se cruzó en su camino. 

La Virgen le aseguró que su angustia ya no tenía más fundamento, su tío se encontraba bien, lo imporante era que siguiera sus palabras. Juan Diego tenía que subir al cerro del Tepeyac una vez más, donde encontaría un manto de rosas rojas, o rosas de Castilla. Esa sería la prueba que debería portar al Obispo. Juan Diego obedeció, a pesar de estar en pleno diciembre las rosas lucían con belleza deslumbrante. Las cortó, las envolvió en su manto con mucho cuidado y una vez ante el Obispo las dejó caer en sus pies. Inexplicablemente, en el tejido que envolvía las flores apareció impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe. Es desde ese momento que Guadalupe se convirtió en la Virgen representativa de México. 

Con tal prueba los clergos no pudieron más que seguir la voluntad de Guadalupe y levantar un templo en lo alto del cerro de Tepeyac. Cuando Juan Diego hubo terminado con su encomendado encontró a su tío sano y lleno de vida, obra de la mismísima Virgen como agradecimiento.

Juan Diego murió en 1548, con fama de santidad. Su memoria, siempre se ha relacionado con el hecho de la aparición de la Virgen de Guadalupe, atravesó los siglos, alcanzando toda América Europa y Asia.

 

Pero, ¿qué hay detrás de este milagroso encuentro?

Antes de que llegaran los conquistadores a Tenochtitlán, los aztecas adoraban a la diosa Tonatzin, (del náhuatl nuestra madrecita) madre de los dioses mexicas.

Tonantzin se ha ubicado en diferentes ritos relacionados con la fertilidad y durante mucho tiempo fue la deidad adorada en el Tepeyac. En ocasiones se le identifica como madre de Quetzalcóatl (Dios de la vida, la luz, fertilidad y conocimiento) y en otras como su esposa.

Tonantzin era parte de una religión politeísta y podía tener diferentes manifestaciones o nombres, algunos de ellos son:

  • Tonacacíhuatl: Diosa del sustento.
  • Chicomecóatl: Diosa de la vía láctea, señora de las estrellas.
  • Toci: Señora de la maternidad y las hierbas medicinales.

A ella acudían miles de indígenas de todo el Valle del Anáhuac a hacerle peticiones o agradecerle sus bondades con sacrificios. En especial, a finales de diciembre se celebraba una gran fiesta, llamada Tititl, en el cerro del Tepeyac, justo a las afueras de Tenochtitlan. Una cita ineludible en el calendario para los fieles que organizaban grandes peregrinaciones para ofrecer flores y utensilios múltiples a la diosa.

Cuando los conquistadores llegaron a la Nueva España vinieron a imponer sus ideales, entre ellos venían sacerdotes que pretendían usar su fe para forzar a los mexicas a reemplazar su ideología, tradiciones y costumbres, utilizando el método de mezclar sus creencias católicas con las creencias de los indígenas.

No les resultó difícil porque su religión era politeísta y tenían una larga tradición de aceptación de las divinidades de otros pueblos. Además, desconocían el principio de la intolerancia constitutivo del catolicismo: la convicción de ser la única religión verdadera.

Muchos indígenas adultos no pudieron resistir la conversión al cristianismo, los sacerdotes antiguos fueron desplazados y los templos fueron transformados en iglesias cristianas. La estrategia de las órdenes mendicantes fue convertir inicialmente a las familias nobles o principales de cada pueblo, con objeto de que estas fueran un ejemplo a seguir para que se convirtieran el resto de los indígenas. También los jóvenes que aun no se habían educado en las creencias paganas fueron el objetivo de los religiosos.

Fue así como construyeron el templo a la Virgen de Guadalupe la cual fue designada por los reyes católicos como protectora de los indios del Nuevo Mundo al ser de tez morena en el cerro del Tepeyac, lugar en donde antes estuvo la diosa Tonantzin.

Hoy en día, la Basílica de Guadalupe resguarda aquella túnica en donde apareció impresa su imagen, año con año, cada 12 de diciembre, recibe a más de 7 millones de peregrinos de México y todo el mundo que llegan a agradecer sus favores de salud que les ha concedido, unos llegan caminando, otros arrodillados o en bicicletas después de días de haber cruzado varios kilómetros, la fe mueve montañas.

La evidencia prehispánica es la muestra de cómo se lo inventaron o la prueba de un verdadero milagro, eso depende del criterio de cada uno de nosotros.