Leyenda de la princesa Sac-Nicté o Blanca Flor
Sac-Nicté o Blanca Flor

Leyenda de la princesa Sac-Nicté o Blanca Flor nos cuenta su leyenda que en el Mayab, cuando Chichén-Itzá, Uxmal y Mayapán se encontraban en su plenitud, nacieron en estas ciudades: Sac-Nicté o Blanca Flor, princesa de Mayapán e hija del rey Hunac-Ceel; Ulil, príncipe de Uxmal; y Canek, o Serpiente Negra, príncipe de Chichén-Itzá.

Cuando Sac-Nicté tenía cinco años (según cuenta la leyenda) dió de beber a un caminante y de pronto brotó de la jícara una flor. Luego, cuando cumplió dos veces cinco iba caminando por un maizal y una paloma se posó en su hombro, le dió unos granos de maíz, la besó en el pico y luego la soltó para que volara libre. Cuando cumplió tres veces cinco años conoció a Canek y se enamoró de él.

Por su parte, cuando Canek cumplió siete años, atrapó a una mariposa y la deshizo con sus manos y esa noche soñó que se convertía en gusano. Cuando cumplió dos veces siete, encontró un venado en una trampa de cazador y con su cuchillo sacrificó al animal, le extrajo el corazón y lo ofreció a los dioses negros que ayudaban a los brujos. Esa noche soñó que era un tigre sediento. Pero cuando cumplió tres veces siete años, lo nombraron señor de los itzáes, y ese mismo día conoció a Sac-Nicté. Esta noche no durmió, sino que lloró de tristeza hasta el amanecer, porque se había enamorado de la princesa de Mayapán.

Ese fue el momento de la desilusión de Canek, pues sabía que Sac-Nicté estaba comprometida con Ulil, príncipe de Uxmal; y 37 días a partir de la fecha en que Canek tomara posesión del mando se llevaría a cabo la boda. Y así empezaron a llegar los mensajeros de Mayapán y Uxmal, para invitar al señor de los itzáes a la ciudad de Uxmal a festejar la boda y consolidar la alianza.

Una noche, cuando Canek pensaba en su problema, apareció de pronto un viejecillo y le dijo en voz baja: “La Flor Blanca está esperando entre las hojas frescas ¿has de dejar que otro la arranque para él?”. Y terminando de decir esto, desapareció sin que nadie supiera lo ocurrido. Pronto, las piedras esculpidas que conmemorarían la boda se hicieron, poniendo las figuras de los futuros esposos, y en la parte de abajo escribieron: “De éstos vendrá la grandeza del Mayab, y en ellos se asentará la paz y la abundancia de la tierra.

En Uxmal se preparó todo para la fiesta. De Mayapán salió la comitiva guiada por Hunac-Ceel, señor de los cocomes, y su hija Sac-Nicté, quienes fueron recibidos desde el camino de Uxmal a Mayapán por el mismo señor de Uxmal. La fiesta se inició y llegaron gentes de muchos pueblos cercanos y distantes; pero Canek, el señor de los itzáes, no llegó.

El tercer día, después de seguir esperando a Canek, decidieron dar comienzo a la ceremonia. Más de pronto, el señor de los itzáes al frente de 60 guerreros principales, irrumpió como un relámpago en el altar del templo mayor donde se efectuaba la boda arrebatando a Sac-Nicté de su padre y Ulil, y sin que nadie pudiera hacer nada, huyeron. En la ciudad de Uxmal había confusión, tanto por la fiesta como por el rapto, y para cuando Ulil reunió un grupo de guerreros para perseguir a Canek, ya no se pudo hacer nada.

Ulil y Hunaac-Ceel se aliaron contra Canek; pero cuando llegaron a Chichén-Itzá, descubrieron que la ciudad estaba abandonada. Entonces, con furia, la incendiaron, saquearon y destruyeron; mientras, por la selva del sur de la península, Canek en compañía de Sac-Nicté guiaban a los itzáes rumbo a un nuevo destino: la isla de Tayasal, salvándose así los itzáes de la furia de sus antiguos aliados, y desde entonces quedó la ciudad de Chichén-Itzá abandonada, así como ahora la encontramos.

Imagen:’La Princesa Nicté Ha’, Marisela Rumberg

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