Bebidas sagradas en las ceremonias maya desde antaño hasta hoy
Bebida Sagrada Maya

La bebida sagrada, lo que no falta nunca en las ceremonias rituales maya

Para el hombre moderno, que vive en un mundo profano, científico y práctico, le es difícil comprender que en algún momento de la historia, las primeras culturas vivían en un mundo completamente sacralizado.  Todas sus relaciones con la naturaleza, con sus utensilios, su vida misma, el cumplimiento de sus funciones vitales como el hecho de alimentarse, su sexualidad, trabajo y demás, tenían un sentido religioso. Todo estaba impregnado por lo sagrado.

Para los mayas, el hecho de alimentarse no era una cuestión puramente orgánica o «natural» sino sacra. Existían entre ellos alimentos y bebidas que son objetos simbólicos, sobre todo los relacionados con sus ceremonias.

Entre las bebidas relacionadas con sus ceremonias tenemos dos básicas; el balché que era la más utilizada, incluso a día de hoy, en las ceremonias mayas, y el saká, en segundo plano. Se consideran simbólicas por su contenido «puro» y «natural». El balché era preparado de la corteza de un árbol con agua «virgen», y el saká, con maíz, e igual, agua «virgen». Árbol y maíz, productos naturales y sagrados entre los mayas.

El árbol simboliza la vida, la juventud, la inmortalidad, la sabiduría. Dicho de otra manera: «el árbol ha llegado a expresar todo lo que el hombre religioso considera real y sagrado por excelencia, todo cuando sabe que los dioses poseen.»

El maíz, como todas las plantas que se consideran sagradas, tenía un valor religioso por lo que era una planta que se cuidaba y se cultivaba con esmero. Además, el maíz estaba relacionado con la fertilidad.

Vamos ahora a contaros con más detalles sobre estas bebidas sagradas para la cultura maya.

 

El balché, imprescindible en toda ceremonia maya

El balché era y es la bebida sagrada por excelencia de los maya. Es consumida en todas las ceremonias mayas. El nombre hace referenca a Acán, el «Dios del balché”, lo que se traduciría como «Dios del Vino». Como dato curioso, Acán significa, entre otras cosas, «bramar», y quienquiera haya oído las voces de los mayas borrachos podrá ratificar la relación. Si tomamos en cuenta que la bebida incluye miel fermentada, además de la corteza del árbol del balché, es probable que los dioses de los apicultores fueran también patronos de esta bebida.

Entremos en detalles de su composición. El balché es un vino preparado con la corteza de un árbol del mismo nombre. Su preparación es como sigue: se pone a hervir la corteza del árbol para quitarle lo amargo, después se pone a secar para posteriormente hervir con agua virgen, de cenote o de río no contaminado, para que la corteza «suelte» la esencia y el color. Algunas personas lo dejan de dos a tres días para que fermente. Otros suelen agregarle miel (también hay quien le agrega azúcar o aguardiente).

Tiene un color rosa pálido y un sabor dulce. Se sirve en jicaritas y se distribuye entre todos los que participan en la ceremonia. Es importante remarcar que sólo se consume en las ceremonias, pues es sagrado.

 

El balché tenía dos usos básicos entre los mayas:

Purificaba

En el primer uso, se dice que el balché ayudaba a purificar a la persona para poder estar en la ceremonia, era la pureza ritual requerida. De ahí la necesidad de que el agua para preparar el balché fuera «virgen«. Además, el balché ayudaba a la pureza por ser purgativo; el hombre se limpiaba.

Entre los mayas de Chiapas, de mediados del siglo pasado, cuentan que el Balché tiene cualidades medicinales, produce un efecto laxante.

 

Producía ciertos estados de conciencia

En el segundo caso, para los mayas la naturaleza poseía innumerables misterios que no se mostraban en el mundo visible, pero que eran tan reales como estos, a los que el hombre sólo podía acceder en estados especiales de conciencia.

Entre los mayas, eran utilizadas sustancias psicotrópicas o bebidas alcohólicas, como el balché, para estimular la conciencia, o que permitieran entrar en trance con ellas. Los hongos y plantas capaces de provocar esos estados de conciencia, o en la concepción indígena, de permitir al espíritu transponer los umbrales hacia otras dimensiones de la realidad, se consideraban divinos. En los hongos y las plantas sagradas radican deidades que se integran al hombre que los ingiere, para sacralizarlo y dotarlo de poderes sobrehumanos que lo ayuden a vincularse directamente con los dioses, a ascender al cielo, a bajar al inframundo, a recorrer largas distancias y a conocer las causas ocultas de las cosas. 

Estas plantas y hongos son considerados divinos, pues permiten pasar de un estado profano a uno sagrado. Mediante ellas se adquieren poderes sobrenaturales que permiten percibir lo invisible, lo mágico. El poder de estas plantas y hongos es tal que para cualquiera que las ingiera sin conocimiento puede ser mortal. Sólo los chamanes que son «los que saben ver», «los sabios», las pueden manejar.

Así, el balché permitía estar en el mundo sagrado, trascender, entrar en contacto con lo que no podemos ver o tocar en el mundo profano. Permitía estar en lo real, tratar de descifrar el misterio que encierra la naturaleza.

Hoy en día, el balché es la bebida sagrada más consumida en las ceremonias y, por lo tanto, la más conocida. Incluso para muchos mayas, sólo existe esa bebida sagrada.

 

El saká, maíz en estado líquido

El saká, o maíz en legua maya, es una bebida sagrada para los mayas, elaborada a base de nixtamal -el resultado de mezclar maíz cocido con agua y cal viva- medio cocido. Se utiliza sobre todo para ofrendar a los dioses del monte durante las fases de la milpa -la planta del maíz-, como la medición del terreno, tumba, siembra, deshierbe y recolección.

Todo lo que esté relacionado con el maíz es sagrado, porque era la base alimenticia y su sustento vital. Así, por ejemplo, el mito cosmogónico quiché dice que el hombre fue formado con masa de maíz.

El hombre y el maíz son uno. El hombre cuida de su maíz como cuida de su vida, pide por el maíz en la ceremonias sagradas, ofrenda al dios chaac para que caiga la lluvia, espanta a los animales selváticos, erradica las malas hierbas y, sobre todo, le da vida al sembrarlo. En correspondencia, maíz le da alimento a él y a su familia.

En la mayoría de los pueblos mayas aún se práctica la ceremonia del Chá Chaac, relacionada con la siembra del maíz, que es la actividad básica de estos pueblos. El saká es la bebida sagrada por excelencia en estas ofrenda, se ofrece al Dios Chaac con el fin de que el campesino no tenga problemas en su trabajo.